Una mirada integral, desde la primera idea hasta el último detalle

EL ESTUDIO
No existe una única manera de transformar un lugar. Cada proyecto parte de una realidad diferente y puede implicar repensar una distribución, reformular la arquitectura interior, recuperar lo existente, incorporar nuevas piezas o empezar de cero.

Mi trabajo es ordenar y articular esas decisiones, acompañando el proceso para construir una propuesta coherente y personal, acorde a las necesidades, los recursos y el presupuesto de cada cliente. Donde distribución, funcionalidad, materiales, mobiliario, estética y detalles se integran para lograr un resultado que contribuya a mejorar la calidad de vida de los que allí habitan.
Cada proyecto parte de escuchar y comprender a cada cliente, sus necesidades y aquello que es importante para él. A partir de allí, busco desarrollar una propuesta personal, pensada para su forma de vivir y capaz de sentirse verdaderamente propia.
Uno de los proyectos que considero más representativos de mi estilo y de mi forma de trabajar es mi propia casa, en el barrio cerrado La Laguna, en Rincón de Milberg.



No solo porque participé desde el desarrollo inicial del proyecto junto a una empresa constructora, trabajando sobre la arquitectura interior y acompañando cada decisión, sino porque reúne muchas de las ideas centrales de mi mirada: funcionalidad, materialidad, paleta, estilo, objetos con historia, intervención de muebles, optimización del presupuesto y un hilo conductor que le da unidad al conjunto.
Es una casa de estilo ecléctico, pero no entendida como una suma de cosas distintas, sino como una composición que busca armonía, identidad y sentido. Muchas piezas provienen de herencia familiar y fueron recuperadas, intervenidas o resignificadas para formar parte de una casa viva, propia y en constante transformación.
También me parece representativa porque muestra algo que valoro mucho: que una casa no siempre se termina de una vez. Puede ir construyéndose con el tiempo, con las posibilidades reales, con los cambios de gusto, de necesidades y de dinámica familiar. Todavía hoy quedan cosas por hacer, y eso también forma parte de su identidad.
Este proyecto cuenta muy bien mi manera de entender el diseño: no solo como un resultado final estético, sino como la vida real detrás de una casa. Un espacio que acompaña, cambia, se adapta y se transforma junto con quienes lo habitan.
Sobre Gi
Soy Gisela Zang, interiorista, bioquímica de formación original y mamá de tres niñas. A lo largo de mi recorrido descubrí que mis dos profesiones tienen un mismo punto de encuentro: el cuidado de la vida, la búsqueda de bienestar y la posibilidad de transformar.
Mi pasión por el diseño, las antigüedades y los objetos con historia me llevó a construir una forma de trabajo donde conviven lo nuevo y lo existente. Me interesa rescatar la esencia de cada espacio, entender cómo se habita y encontrar soluciones posibles, personalizadas y pensadas para la vida real.
Creo profundamente que el entorno que habitamos influye en nuestra calidad de vida. Una casa, un consultorio, una oficina o un espacio de trabajo no solo tienen que verse bien: también tiene que acompañarnos, funcionar, representarnos e invitarnos a vivirlo.
Hoy acompaño proyectos de viviendas, consultorios, oficinas y espacios comerciales, trabajando desde una mirada integral que combina diagnóstico, funcionalidad, estética, materialidad y detalles. Mi objetivo es que cada transformación tenga coherencia, identidad y sentido; que cada espacio pueda sentirse propio, confortable y verdaderamente habitable.


